
Por: Licenciada Selva Riquelme Comunicadora, defensora de los derechos de las personas con discapacidad y de la inclusión real, no solo poética.
Hoy se conmemora el Día Nacional de la Inclusión Laboral Efectiva de las Personas con Discapacidad. Una fecha que nos obliga a detenernos y hacernos una pregunta incómoda pero urgente: esa “efectividad” de la que habla el calendario, ¿está en las oficinas y en las fábricas, o se quedó atrapada en el papel de los decretos? Lamentablemente, la realidad muestra que los avances son a cuentagotas y que la burocracia sigue ganándole la carrera a la dignidad humana.
Es hora de bajar la ley a la tierra y dejar de mirar la discapacidad desde el lente del capacitismo y el prejuicio.
Más allá de la mirada capacitista: el talento no se mide en capacidades estándar
Históricamente, se ha mirado a la persona con discapacidad desde la falta, la compasión o el escepticismo: “No va a poder”, “va a faltar mucho”, “es una carga”. Esos son los muros invisibles —pero asfixiantes— que debemos derribar. No estamos pidiendo un favor, ni una obra de caridad, ni privilegios. Exigimos respeto a nuestros derechos fundamentales.
Una persona con discapacidad es talento humano valioso, un ciudadano que desea, necesita y tiene el derecho de contribuir al desarrollo de su país.
Para que esto ocurra, el empleo debe dejar de ser una excepción heroica y convertirse en algo normal. Las gerencias de recursos humanos y el sector público deben entender que la diversidad enriquece los equipos y que la idoneidad no está reñida con tener una condición de vida diferente.
Diseño universal y concursos reales: el fin de la segregación
La verdadera inclusión empieza desde la convocatoria. No podemos seguir tolerando concursos públicos o privados segregados que parecen utopías inalcanzables o, peor aún, simulacros para cumplir con una cuota obligatoria.
- Formularios desde el origen: las herramientas de postulación deben incluir el abordaje de la discapacidad desde el primer clic. Si un sistema no es accesible, ya está excluyendo.
- Concursos generales abiertos: si una persona con discapacidad califica para un llamado general, debe poder participar en igualdad de condiciones.
- Ajustes razonables: la inclusión real implica que el entorno se adapte mediante las adecuaciones necesarias (tecnología asistiva, rampas, formatos accesibles) para que el profesional demuestre su potencial, sin que esto se convierta en un calvario burocrático lento y doloroso.
Un llamado a la acción: de la pasividad a la incidencia política
Este día no es para celebrar; es para activar. Las organizaciones de la sociedad civil no pueden quedarse quietas ni dormir en los laureles de conquistas pasadas. Hay que salir, reclamar, incidir y vigilar el cumplimiento de las políticas públicas.
Esa incidencia también debe trasladarse a las urnas. La comunidad con discapacidad y sus familias representan una fuerza electoral inmensa. Ya no podemos regalar el voto a discursos populistas y promesas vacías. Nuestro voto debe ser programático, exigiendo propuestas claras, presupuestos asignados y proyectos reales de diseño universal para todos y todas.
El compromiso es de ida y vuelta
A quienes ya han logrado cruzar esa puerta y hoy tienen la fortuna de estar incluidos laboralmente, les hago un llamado con el corazón en la mano: háganlo con altura. Demuestren su capacidad, su responsabilidad y su brillo. Al hacerlo bien, no solo consolidan su espacio, sino que se convierten en arquitectos que abren caminos para los miles que vienen detrás esperando una oportunidad. Estamos listos para asumir obligaciones si se nos garantizan los derechos.
No queremos más leyes poéticas que se lean hermosas en los escritorios ministeriales pero dejen desiertas las calles de oportunidades. Queremos una sociedad equitativa, justa e inclusiva. Estamos aquí, formamos parte de este planeta, de este mundo, de este país, y no vamos a dar ni un solo paso atrás.
Que este día no sea un recordatorio anual de lo que falta, sino el punto de inflexión donde decidamos, juntos, construir un suelo parejo. La inclusión laboral no es una utopía inalcanzable, es un acto de justicia elemental. Porque el derecho a trabajar, a prosperar y a vivir con dignidad no se negocia, se ejerce. Que la inclusión sea, de una vez por todas y para todos, una realidad tangible.
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